Portada tomada de Festina Lente Discos Blog.

Portada tomada de Festina Lente Discos Blog.

La banda colombiana Bituin, nos presenta su segunda producción musical Entre Tu Pueblo Y Mi Pueblo, un álbum que nos lleva a viajar por sonoridades latinoamericanas que rinden tributo a nuestras raíces. Una apuesta de estar en el mercado musical independiente, con un ideal experimental. Ah!, eso si, cada oyente embarcado en su propia travesía deslumbrada por su idiosincrasia.

“Punto y Raya”, es la canción de  apertura. Puro Son Caribe y llamado africano de tambores, marcando la llegada y la unión de los pueblos. Su letra describe geográficamente un lugar (quizás un pueblo indígena colombiano) de manera abstracta por barreras, limites, pasos, fronteras y demás elementos que el ser humano ha señalado “porque esas cosas no existen/sino que fueron creadas”. Un serio indicio, en que el ser humano debe borrar esas líneas dentro de nuestros territorios, para ser pueblos unidos por la cultura. De allí, a arar la tierra y dejar la huella con “El Surco”,  con dulces melodías y armonías vocales que van ligadas a los instrumento, en verdad el Jazz, su elocuencia.

Luego, “Diez Décimas de saludo Al Pueblo Argentino” una alegoría a esa influencia Latinoamericana, donde la austeridad es eliminada por las cadenas de la libertad. Sin dudar, es una delicada canción protesta y de orgullo para los pueblos latinos “Mi pueblo no es Argentino/ni es paraguayo ni austral/se llama pueblo oriental/por razón de su destino”.

“Violetas Populares”, es la canción arriesgada del disco, es la que contiene mayor libertad musical, tamborileo jazzero y el encuentro de cuerdas indica el llamado a la liberación de los pueblos “Y el claro presentimiento/de que estos pueblos hermanos/van paso a paso mano a mano/ cumplirán su testamento”. Sin pecar, una leve sensación de efecto cubano revolucionario.

Siendo mi favorita, la canción “Su Lugar” es alegría. Un Jazz aborigen que describe las bienaventuranzas de lo natural. Es de esas canciones, que te hacen levantar a jugar al compás de los instrumentos. “Esta amaneciendo/ corro sin pensar/sin mirar atrás/veo mi ciudad/y me vuelvo a levantar”.

Llega la alegoría al indígena y campesino con “El Pastor”. Canción que describe la vida común y su contacto con gaía (madre tierra), “Va el pastor con su rebaño/al despuntar la mañana/bajando por el sendero/ de la sierra la pradera”, un recuento muy interesante y fresco.

“Noche tenebrosa/noche oscura/noche amarga/ noche opaca” representa la desidia bien puesta en “Noche Cruda”. Retrato de esa alma doliente que se pasea en la urbe y el campo, como responsable de las desgracias; y “Cucurrucucú Paloma” muy sencilla y curucuteada. Lo común, en estas, es la armonía, sutileza, libertad, jazz, folklore, nostalgia, dolor, y demás aspectos que ayuda a liberar el alma de todo maleficio.

Ya entre las ultimas, “Bosque Divino”, el grito de los músicos para contribuir a la preservación de nuestro medio natural, ya que somos parte de ella “Igual al bosque soy/dentro de él estoy/como en un remolino/ que me tiene apresada para liberarme con sarcasmo fino”“Aguacerito Llové”, es la penúltima canción deformada como el cuarteto lo expresa. Como se diría popularmente: “Una desorganización de sonidos bien organizada”.

Finaliza “Señora Colombia”, la gran exaltación a nuestra patria indolente, un recorrido por las regiones principalmente la Región Caribe, quienes describen su gentilicio, sus paisajes y espacios geográficos que tenemos en esta tierra ajena (en el buen sentido de la palabra) ”Señora Colombia/mi tierra queria/viva Cartagena y también Monpox/ porque así lo quiere Dios”.

11 canciones frescas y dignas de escuchar.

Reseña también publicada en Revista Metrónomo.

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Texto: La Música En Venas          @LaMusicaEnVenas